La ministra Piña, como piedra en el zapato de la transformación

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Pos en un país donde la justicia parece estar eternamente postergada, la postura de la ministra Norma Lucía Piña Hernández, presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), refleja una tendencia preocupante: la resistencia al cambio en el Poder Judicial.

Su reciente advertencia sobre los riesgos de llevar a cabo una reforma judicial apresurada, subrayando que podría «dar entrada a problemas mayores», merece una crítica profunda y contundente.

Y es que la ministra Piña argumenta que las modificaciones deben realizarse pensando en las víctimas y los usuarios del sistema de justicia, no privilegiando la celeridad. Sin embargo, esta postura ignora una realidad evidente: el Poder Judicial, tal como está, no está cumpliendo con su deber de proporcionar justicia efectiva y oportuna. La falta de celeridad en sí misma es un problema grave que perpetúa la impunidad y la injusticia en nuestro país.

La transformación que México necesita no puede seguir siendo obstaculizada por una visión conservadora y arraigada en el statu quo. El Poder Judicial, en su estado actual, ha demostrado ser ineficaz y desconectado de las necesidades reales del pueblo. Las mesas de escucha y las recopilaciones de información cualitativa y cuantitativa mencionadas por la ministra, aunque valiosas, no deben convertirse en excusas para retrasar las reformas necesarias.

Resulta y resalta que la ministra Piña afirma que «la justicia en México no es un monopolio del Poder Judicial», lo cual es cierto. No obstante, su llamado a reflexionar y debatir debe ir acompañado de acciones concretas y rápidas.

La reflexión sin acción es estéril en un contexto donde la urgencia es palpable. La demanda de la mayoría del pueblo es clara: un sistema judicial eficiente, imparcial y accesible para todos. La ministra debería ser una aliada en esta transformación, no un obstáculo.

La idea de que la celeridad puede comprometer la idoneidad de la reforma judicial es válida, pero no puede ser la excusa para la inacción. Es posible y necesario avanzar con rapidez y responsabilidad simultáneamente. Las víctimas y los usuarios del sistema de justicia merecen no solo jueces honestos y capacitados, como bien señala la ministra, sino también un sistema que responda a sus necesidades de manera rápida y efectiva.

En este sentido, la resistencia al cambio que representa la postura de la ministra Piña no solo frena la evolución del Poder Judicial, sino que también va en contra del clamor popular por un México más justo. Es hora de que el Poder Judicial deje de ser el guardián del pasado y se convierta en el facilitador del futuro que todos deseamos. La transformación es necesaria, y es necesaria ahora.

Lo esperamos en este su espacio favorito de Redes Ciudadanas. Pase un buen fin de semana.

Por eso somos los rompenueces.

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