Pos qué creen? Donald Trump, el expresidente de Estados Unidos ha demostrado una vez más que su política económica es, en esencia, una forma de terrorismo mercantil. Sus más recientes decisiones, como la imposición de un arancel del 25% a todos los automóviles que no sean fabricados en suelo estadounidense, son una declaración de guerra comercial que afectará no solo a los países directamente involucrados, sino a la economía global en su conjunto.
Este movimiento proteccionista, lejos de fortalecer la economía estadounidense como pretende justificar su administración, traerá consecuencias catastróficas. Trump se ha puesto en contra de sus aliados comerciales más cercanos, incluidos México, Canadá, la Unión Europea y las potencias asiáticas como Japón y Corea del Sur. Su visión de “América Primero” no es otra cosa que un aislamiento forzado que podría desembocar en una crisis financiera de dimensiones alarmantes.
Para México, el golpe es particularmente severo. La industria automotriz mexicana es una de las principales fuentes de empleo y un pilar fundamental de la economía nacional. Con esta medida, las empresas enfrentarán costos adicionales significativos que inevitablemente se trasladarán a los consumidores. La reacción del gobierno mexicano ha sido inmediata: el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, viajó a Washington para intentar negociar, mientras que la presidenta Claudia Sheinbaum ha convocado a la unidad nacional para afrontar el impacto. Sin embargo, el daño ya está hecho.
Empresarios mexicanos, incluido el sector representado por Coparmex, han condenado la medida como unilateral y perjudicial. Mientras tanto, Ricardo Salinas Pliego, una de las voces más críticas de la política económica de Estados Unidos, ha calificado la decisión de Trump como un atentado contra el libre comercio.
Y es que el impacto de esta política ha rebasado las fronteras de América del Norte. Canadá, bajo el liderazgo de Mark Carney, ya anunció represalias para proteger su industria automotriz. La Unión Europea no se ha quedado atrás y ha advertido sobre posibles contramedidas comerciales. Japón y Corea del Sur, altamente dependientes del mercado estadounidense para sus exportaciones automotrices, han expresado preocupación, mientras que China interpreta la medida como una escalada en la guerra comercial que mantiene con Washington.
Los mercados financieros han reaccionado con volatilidad. El índice S&P 500 en EU cayó un 0.8%, mientras que el Russell 2000 sufrió una baja del 0.7%. En México, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) registró una caída del 0.75%, golpeando especialmente al sector automotriz y manufacturero.
Moody’s ha publicado un informe devastador: el costo por vehículo importado EU se incrementará en aproximadamente $3,400 dólares, reduciendo ventas y golpeando directamente a fabricantes como General Motors y Ford. Se estima que GM perdería $4,000 millones de dólares anuales y Ford, alrededor de $2,100 millones.
En este contexto, los fabricantes han comenzado a explorar alternativas para mitigar el impacto. Algunas empresas han incrementado sus inventarios en EU, mientras que otras evalúan estrategias de producción dentro del país. Sin embargo, trasladar fábricas enteras a territorio estadounidense no es una solución inmediata ni viable en términos de costos.
El aislamiento económico que Trump está promoviendo no solo afectará a las economías extranjeras, sino que también podría generar una recesión en su propio país. El encarecimiento de los productos importados repercutirá en los consumidores estadounidenses, quienes terminarán pagando precios más altos por los vehículos y otros bienes afectados por la política proteccionista. La historia ha demostrado que este tipo de medidas conducen a una contracción del comercio global y a represalias que solo agudizan la crisis.
La comunidad internacional tiene dos opciones: esperar y ver cómo se desarrollan los acontecimientos o comenzar a tomar acciones contundentes para proteger sus intereses. Lo cierto es que, con cada nueva medida, Trump refuerza su imagen de terrorista mercantil, dispuesto a dinamitar el sistema económico global con tal de alimentar su retórica nacionalista.
El mundo está al borde de una nueva guerra comercial de proporciones desconocidas, y la única certeza es que las consecuencias serán devastadoras.