Crecer con deuda: la paradoja previsible

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Pos, ¿qué creen? El nuevo paquete económico presentado por la Secretaría de Hacienda encierra una paradoja tan clara como incómoda: México crecerá, sí, pero lo hará endeudado. El documento reconoce que en 2025 el país apenas alcanzará un rango de crecimiento entre 0.5 y 1.5 por ciento, una expectativa reducida frente a lo que se proyectaba hace apenas unos meses. Y, sin embargo, para 2026 el pronóstico mejora ligeramente, con un posible repunte hacia 2.8 por ciento.

La narrativa oficial habla de continuidad con el humanismo mexicano y de una estrategia centrada en el bienestar, salud, educación y vivienda. Pero detrás de ese discurso hay números que muestran una realidad más áspera: el déficit público no se reducirá como se había prometido. En lugar de bajar a 3.9 por ciento del PIB en 2025, se ubicará en 4.3 por ciento. Y en 2026, lejos de consolidar un ajuste, seguirá en 4.1 por ciento.

Resulta y resalta que el saldo histórico de la deuda alcanzará más de 20 billones de pesos, un 52.3 por ciento del PIB. ¿Qué significa esto? Que México seguirá destinando una parte creciente de su presupuesto a pagar las deudas del pasado, al mismo tiempo que contrae nuevas para cubrir obligaciones inmediatas. De hecho, Hacienda solicitó contratar deuda por 1.4 billones de pesos, prácticamente lo mismo que se gastará en costo financiero de la deuda: 1.5 billones.

La metáfora es brutal: deuda para pagar deuda. Un círculo que compromete la soberanía fiscal y limita el margen de maniobra de cualquier gobierno. Lo previsible era que este escenario tarde o temprano llegara, pues desde hace años se arrastra una bomba de tiempo: el gasto en pensiones. En 2026, éstas representarán más de 1.7 billones de pesos, superando incluso la inversión física proyectada. En otras palabras, se destinará más dinero a sostener compromisos adquiridos en el pasado que a construir futuro.

Quien se sorprenda de esta situación no ha querido ver que el modelo de finanzas públicas lleva años caminando sobre el filo. El costo de la deuda y el gasto en pensiones son montañas que crecen mientras el espacio fiscal se reduce. Sí, habrá crecimiento, pero modesto y sostenido por un endeudamiento que tarde o temprano deberá enfrentarse con medidas más drásticas.

Y es que la administración de Claudia Sheinbaum presenta su primer paquete económico con la legitimidad de haber sido electa en las urnas, pero también con la herencia de un déficit que rebasa cualquier discurso de optimismo. Su apuesta está en mantener programas sociales y en no frenar la inversión pública, aunque para ello tenga que relajar la disciplina fiscal. El dilema es claro: sostener el bienestar hoy con deuda, o apretar las finanzas con el costo político que ello implica.

No hay engaño posible: lo que se proyecta en este paquete económico es el retrato de un país que crecerá, pero atado a los grilletes de la deuda y las pensiones. Un país que, pese al optimismo oficial, sabe que cada punto de crecimiento vendrá acompañado de un peso más en obligaciones financieras. Y eso, más que un logro, es la confirmación de una fragilidad anunciada.

Por eso somos los rompenueces.

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