Pos, ¿qué creen? El estreno en ViX Premium de PRI: Crónica del Fin, promovido como un exhaustivo documental sobre la caída del Partido Revolucionario Institucional, deja en evidencia que la serie oculta más de lo que revela. Dirigida por Denise Maerker y basada en 35 meses de investigación, con 3,956 horas de archivo revisadas, 1,694 horas de video digitalizado y 130 entrevistas exclusivas, el proyecto promete una radiografía histórica del PRI.
Sin embargo, lo que Televisa entrega es una narrativa incompleta y cuidadosamente curada, que evita abordar un hecho central: la propia televisora fue durante décadas un soldado del PRI, cómplice en la construcción y consolidación de su poder político.
Ansina que el documental privilegia testimonios de expresidentes y figuras icónicas, como Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox o Enrique Peña Nieto, pero reduce la historia a anécdotas y dramatizaciones. Lo que no dice Televisa, por ejemplo, es que fue el productor de la TVnovela del “matrimonio ficticio” de Peña Nieto, y tampoco profundiza en el tema de porqué el PRI dejó de ser el PRI, porque destruyeron al país, y no ahoda en temas graves como el asesinato de Luis Donaldo Colosio.
Este enfoque convierte a la serie en un espectáculo narrativo, donde el aparato institucional que permitió al PRI dominar México por más de siete décadas queda diluido frente a la épica personal de sus protagonistas.
El silencio sobre la complicidad mediática es revelador, ya que durante décadas, Televisa se benefició del poder priista, colaborando en la construcción de su hegemonía y controlando la información para proteger sus intereses. Esa historia no se cuenta. La serie tampoco aborda con profundidad el análisis de Luis Javier Garrido sobre cómo el PRI convirtió sindicatos, campesinos, burócratas y empresarios en engranajes de subordinación política. Sin ese contexto, la crónica se queda en la superficie, mostrando al PRI como un cascarón en decadencia, sin explicar los mecanismos que lo sostuvieron por décadas.
El formato de distribución también refleja contradicciones, debido a que mientras que el primer episodio se transmitió en televisión abierta, los episodios restantes solo están disponibles en ViX Premium, con un costo de 199 pesos mensuales. Paradójicamente, el partido que defendió el acceso universal a la política ahora se exhibe en un modelo de consumo restringido, donde la memoria histórica queda limitada a quienes pueden pagar por ella.
Al final, PRI: Crónica del Fin cumple parcialmente su objetivo, porque registra el ocaso de una hegemonía y recuerda al espectador la corrupción, el autoritarismo y las privatizaciones fraudulentas que marcaron la historia reciente de México.
Pero Televisa omite su propia responsabilidad, convirtiéndose en un narrador parcial que dramatiza y empaqueta el pasado en entretenimiento de pago. La serie muestra la caída del PRI, pero silenciosamente encubre la complicidad de quienes hicieron posible su dominio. La lección histórica, entonces, queda incompleta: el poder absoluto de ayer no solo colapsó, sino que quienes lo documentan hoy siguen eligiendo qué contar y qué ocultar.
Por eso somos los rompenueces.









