Finalmente, la presidenta de México condenó la barbarie en Gaza

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Pos, ¿qué creen? Finalmente ocurrió. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, condenó en su conferencia de prensa la barbarie que se vive en Gaza y exigió el cese del genocidio contra la población civil palestina. Lo hizo con una claridad que pocos mandatarios se han atrevido a sostener: lo que está ocurriendo no es un enfrentamiento militar equilibrado, sino la aniquilación sistemática de un pueblo que ha sido despojado, sitiado y reducido a la desesperación.

Sheinbaum reiteró que la postura mexicana frente al conflicto en Medio Oriente es firme: poner fin a la agresión contra Gaza por parte del ejército israelí y apostar por el reconocimiento de dos Estados, Israel y Palestina, como la única vía de paz duradera. Se trata de una posición que retoma la tradición diplomática de México, pero que hoy cobra otra fuerza, pues se pronuncia en medio de una masacre televisada, donde los muertos, los heridos y los desplazados se cuentan por decenas de miles.

La presidenta recordó que, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador y ahora en la suya, México ha acompañado las denuncias internacionales, como las planteadas por Chile, para que la comunidad internacional no ignore lo que ocurre en Gaza. También destacó que fue este gobierno el que otorgó por primera vez el reconocimiento pleno a la Embajada de Palestina, con todos sus derechos: un acto simbólico y político que hoy adquiere mayor relevancia frente al intento de borrar del mapa al pueblo palestino.

El contexto no deja lugar a dudas: hay cincuenta rehenes aún en manos de Hamás, pero al mismo tiempo toda la Franja de Gaza está siendo arrasada con el objetivo de hacerla inhabitable. Las cifras oficiales hablan de miles de muertos, aunque sabemos que son muchos más, pues los cuerpos bajo los escombros no aparecen en los registros. La población enfrenta una hambruna que roza la inanición, los niños son bombardeados mientras esperan alimentación terapéutica o vacunas, y cada día mueren decenas de personas en las filas improvisadas para conseguir agua y comida. Más de 750 asesinados y más de cinco mil heridos por disparos en esas condiciones de extrema vulnerabilidad.

El castigo colectivo es brutal: los alimentos y el agua están bloqueados, las instalaciones médicas destruidas o desbordadas, los pacientes mueren sin tratamiento y los trabajadores de la salud caen junto a sus pacientes. Las epidemias de diarrea y meningitis avanzan sin freno. Cientos de cooperantes y periodistas han sido asesinados en el cumplimiento de su deber. Mientras tanto, en Cisjordania la violencia y el saqueo aumentan, amparados por la presencia ilegal de colonos en connivencia con las fuerzas de seguridad israelíes.

Frente a este panorama, la condena de Sheinbaum, en un mundo plagado de tibiezas, señalar con todas sus letras el genocidio en Gaza es una toma de postura política y ética. No basta, es cierto, para detener la maquinaria de muerte, pero importa que México hable, que no guarde silencio, que reafirme el principio básico del respeto al derecho internacional humanitario.

Por eso somos los rompenueces.

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