Pos, ¿qué creen? Hay cifras que deberían ocupar las primeras planas de todos los diarios, abrir noticieros y ser motivo de análisis en mesas de debate. Pero no. En México, los medios conservadores que alguna vez vivieron del presupuesto público y de los favores gubernamentales, hoy prefieren mirar hacia otro lado. Ni El Universal ni Reforma han dado a las cifras sobre la reducción de la pobreza la magnitud que merecen. Porque reconocerlas sería aceptar algo que les resulta insoportable: que la Cuarta Transformación está cambiando el rostro social de este país.
Desde Ecatepec, municipio emblemático por sus carencias, Claudia Sheinbaum lo dijo con claridad: la pobreza en México está en su nivel más bajo en 40 años. El dato no viene de un boletín propagandístico ni de un discurso partidista; proviene del Inegi. Entre 2018 y 2024, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza, un número histórico que ninguna administración neoliberal pudo siquiera rozar.
Se trata de una verdadera hazaña. Durante cuatro décadas, la pobreza no solo no disminuyó, sino que se profundizó bajo la lógica del mercado, las privatizaciones y la austeridad impuesta desde los organismos internacionales. Ahora, por primera vez, el Estado recupera su papel de garante de derechos y se refleja en el bolsillo y la vida de millones. El salario mínimo duplicado en seis años sin desatar inflación, los empleos formales en cifras récord, las pensiones universales y las becas para estudiantes explican mucho más que un eslogan político: muestran un cambio de modelo económico y social.
Y aun así, los grandes diarios prefieren la nota menor, el escándalo reciclado o la declaración de algún opositor resentido. Prefieren el ruido al dato. Se olvidan de que 13.4 millones de historias cambiaron de rumbo: familias que hoy comen mejor, jóvenes que pueden seguir estudiando, adultos mayores con un ingreso seguro. ¿No debería eso ser motivo de orgullo nacional, más allá de filias o fobias políticas?
Resulta y resalta que lo que molesta a la prensa conservadora es que estos logros desmantelan el relato de la catástrofe que intentan vender. Porque, mientras pregonan que México se hunde, las cifras muestran que la desigualdad también se redujo de manera drástica: de una brecha de 38 veces entre los que más y menos ganaban, pasamos a 14. Una transformación profunda que, insisto, es histórica.
Claro, reconocerlo implicaría aceptar que los tiempos del despojo neoliberal quedaron atrás, que los gobiernos de privilegios y portadas compradas fueron superados por un modelo donde el pueblo es prioridad. Y eso, para algunos, resulta inadmisible.
La tarea de los medios debería ser informar con objetividad, dar contexto, reconocer cuando un cambio de rumbo beneficia a la sociedad. Pero Reforma y El Universal siguen atrapados en el duelo de haber perdido prebendas y contratos. Mientras tanto, el país camina hacia otro horizonte, uno en el que millones de mexicanos tienen mejores condiciones de vida.
La Cuarta Transformación puede ser debatida en muchos aspectos, pero lo que no se puede negar es que la reducción de la pobreza constituye un hecho histórico. Ignorarlo, minimizarlo o silenciarlo no borra la realidad: México vive un momento inédito en justicia social. Y por más que algunos intenten ocultarlo entre titulares rencorosos, lo cierto es que el pueblo lo siente todos los días en su mesa, en su salario y en su futuro.
Por eso somos los rompenueces.









