La inflación cede pese a presiones de EU

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Alerta Calor

Pos, ¿qué creen? Algo sólido sostiene a la economía mexicana. No hay otra manera de explicarlo. En un contexto global adverso, marcado por la obstinación del presidente Donald Trump en dificultar el desarrollo económico de América Latina —como si el bienestar de sus vecinos fuera una amenaza personal—, México ha mostrado una capacidad de resistencia que sorprende incluso a los más escépticos.

Y es que los datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) lo confirman: en la primera quincena de octubre de 2025, la inflación general en el país se desaceleró a 3.63 por ciento anual, desde el 3.78 registrado a finales de septiembre. Una reducción modesta, sí, pero significativa en medio de un escenario donde la economía estadounidense mantiene una política exterior hostil hacia el sur del continente, imponiendo trabas comerciales, sanciones y narrativas que buscan debilitar la confianza en los mercados latinoamericanos.

Resulta y resalta que la baja en los precios de frutas, verduras, pollo y huevo fue un respiro para los hogares mexicanos, mientras los servicios —transporte aéreo, turismo, vivienda o restaurantes— continúan ejerciendo presión sobre el bolsillo ciudadano. Pese a ello, la inflación acumuló ya siete lecturas anuales dentro del rango objetivo del Banco de México: tres por ciento, con un margen de un punto porcentual hacia arriba o hacia abajo. Es decir, estabilidad. Y la estabilidad, en tiempos de incertidumbre, es un triunfo que no debe subestimarse.

Pos es que el gobierno mexicano, contra todo pronóstico, ha sabido maniobrar. Lo ha hecho en un contexto de subsidios que llegan a su fin, de presiones energéticas y de una moneda que ha soportado embates internacionales, discursos hostiles desde Washington y el ánimo especulativo de los grandes capitales. Mientras Trump insiste en replegar el comercio y cerrar puertas, México ha encontrado otras ventanas: la diversificación de sus relaciones comerciales, el fortalecimiento del mercado interno y una política monetaria prudente han servido de ancla frente a la tormenta.

Hay algo sólido, estructural, que sostiene al país. No es casualidad. La solidez proviene de una combinación entre disciplina fiscal, políticas sociales que inyectan consumo y una producción agropecuaria que, pese a la sequía y los vaivenes del clima, sigue siendo motor de estabilidad de precios. El índice no subyacente —el que mide los productos agropecuarios y energéticos— descendió de 2.03 a 1.58 por ciento. Una señal inequívoca de que, al menos en lo esencial, la economía responde.

Ansina es que el Banco de México podría incluso tener margen para reducir su tasa de referencia —actualmente en 7.5 por ciento— durante su próxima reunión. Es decir, hay espacio para impulsar el crédito sin que ello desate una ola inflacionaria. En otras palabras: el país respira, aunque los vientos internacionales no sean favorables.

Mientras Trump redobla su política de intimidación hacia los gobiernos latinoamericanos y sigue amenazando con nuevas medidas comerciales, México resiste. Su economía no crece por inercia, sino por tenacidad. Las empresas se han adaptado, el campo produce, el consumo interno se mantiene y la inflación, pese a los altibajos, sigue bajo control.

En el fondo, lo que irrita a Trump no es el desempeño económico de México, sino su autonomía. Que el país logre sostenerse sin doblegarse a los dictados de Washington, que siga reduciendo la inflación, que mantenga la inversión extranjera y la estabilidad cambiaria, resulta insoportable para una visión del mundo donde solo Estados Unidos debe salir victorioso.

Pero ahí está México: contra los pronósticos, contra la arrogancia, contra la hostilidad. Algo sólido lo sostiene, y ese algo —más allá de los números— se llama confianza en sí mismo.

Por eso somos los rompenueces.