Peña Nieto en la mira

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Alerta Calor

Pos, ¿qué creen? Si la historia mexicana del siglo XXI tiene un villano con sonrisa de comercial, ese es Enrique Peña Nieto. Hoy, desde las páginas del diario israelí The Marker y con la Fiscalía General de la República al acecho, emergen nuevos indicios que lo colocan no como un simple espectador de los abusos de su gobierno, sino como el actor estelar en una red de corrupción internacional. La historia es de escándalo, pero también de una lógica implacable: si alguien permitió que se espiara a periodistas, activistas, defensores de derechos humanos y opositores con el software Pegasus, ese alguien no sólo sabía lo que hacía… también se benefició de ello.

Según el reportaje israelí, Peña Nieto habría recibido 25 millones de dólares de los empresarios Avishai Neriah y Uri Ansbacher, quienes vieron en Los Pinos una inversión de alto retorno. A cambio de esos millones, se les habría prometido acceso privilegiado a contratos para vender Pegasus, el software espía que convirtió a México en uno de los países más intrusivos del mundo. No se trató sólo de un escándalo de vigilancia ilegal. Fue, literalmente, espionaje a sueldo, autorizado desde la cúspide del poder.

La ironía —por no decir el cinismo— es grotesca, pues mientras el país era sacudido por masacres, desapariciones y una brutal desigualdad, el presidente sonreía ante las cámaras y daba luz verde a que se espiara a quienes exigían justicia. No sólo lo permitió: dio línea, favoreció a empresarios extranjeros y, de acuerdo con las denuncias, cobró por ello. Y como si se tratara de una serie de Netflix con tintes religiosos, todo comenzó con un arbitraje bajo la Ley de la Torá entre los mismos empresarios que hoy lo delatan. Su inversión en el “hombre fuerte de la administración”, como lo llamaban, ya no les parece rentable. Buscan recuperar su dinero. Y en esa disputa civil, emerge la verdad.

¿Quién gobernaba México entre 2012 y 2018? Un hombre que firmaba reformas estructurales con una mano y contratos de espionaje con la otra. Que visitaba al Papa mientras se usaba Pegasus contra defensores del derecho a la verdad. Que juraba amor a la democracia mientras convertía al Estado en un cliente más del mercado negro digital.

Ahora la FGR, con Alejandro Gertz Manero al frente, busca reabrir la investigación. Ya lo ha dicho: si Israel ratifica la información y la coloca en el marco jurídico adecuado, el caso podría adquirir fuerza legal. Sin embargo, el fiscal también reconoce que la relación con Israel ha sido complicada, trabada desde temas como el caso Ayotzinapa, donde México también busca extraditar a Tomás Zerón.

Pero más allá de lo judicial, el fondo es político y ético. Peña Nieto no es sólo un ex presidente bajo sospecha. Es el símbolo de una generación de políticos que convirtió la traición al pueblo en un modelo de negocios. Que vendió la soberanía, la justicia y la privacidad al mejor postor. Que usó la tecnología no para modernizar al Estado, sino para convertirlo en una máquina de persecución.

Resulta y resalta que la pregunta no es si lo sabíamos. La pregunta es qué vamos a hacer con esta nueva evidencia. ¿Permitiremos que siga paseando por Europa como si nada? ¿O llegará el momento en que México le exija cuentas, no como acto de venganza, sino como paso indispensable hacia una justicia real?

Porque si algo representa Pegasus es la herida abierta de un país espiado, burlado y vendido desde dentro. Y esa herida, por más sofisticado que sea el software, no se borra. Se juzga. Se sanciona. Se recuerda.